lunes, 14 de enero de 2008

(Hist. 1) Más que un complejo... (Parte 2)

Después de algunos minutos, por fin llegó un oficial de migración inglés para atenderme. Debajo de su brazo derecho, una pequeña máquina; tenía guantes de cirujano; en la mano izquierda traía una pinza que prensaba un pedazo de tela blanco.

No me saludó. Con el menor número de palabras posible, me dijo que debía desocupar mi morral. No dije nada. Empecé a sacar todo: 2 jeans, 4 camisetas, medias y pantaloncillos, un cinturón, una cámara digital, un cargador de pilas. Luego, sin ninguna palabra de por medio, el oficial me señaló 2 pequeños bolsillos en el frente del morral. De nuevo, no dije nada. De ellos saqué mi cepillo de dientes, un tubo pequeño de crema dental, desodorante, una máquina de afeitar desechable y un tarro pequeño de polvos Mexana.

Mientras desocupé mi maleta, el oficial inglés conectó la máquina y se dedicó a mirar qué sacaba del morral. Cuando dejé la maleta sin nada, él empezó a pasar el pedazo de tela blanco por toda la maleta, como buscando rastros de algo que pudo haber estado allí. Luego tomó con los dedos pulgar e índice de su mano derecha mi morral, y lo sacudió suavemente. Por uno de los bolsillos pequeños salió un poco del talco que se había regado durante el viaje. Tuvimos un cruce de miradas. El oficial inglés pasó el mismo trapo por el interior de los dos bolsillos. Luego, metió el pedazo de tela en la máquina.

Empecé a guardar mi cosas por orden del guardia. Cuando mi morral estuvo listo de nuevo, el oficial inglés se quedó mirándome, serio, pero no me decía nada. Pasaron algo así como 3 minutos que me parecieron media hora. No había hecho nada malo, pero tanto misterio y tanto silencio ya me tenían nervioso.

Por fin, la máquina emitió un sonido, y el oficial inglés bajó la mirada. Yo también miré. Una pequeña luz verde se encendió. El oficial me miró de nuevo, me recibió el pasaporte, buscó la visa y me preguntó el motivo de mi visita. Repondí que quería conocer la ciudad y que volvería a Madrid en 5 días. Me selló el pasaporte y, por fin, seguí adelante.

¿Paranoia? Cada uno puede pensar lo que quiera. Pero sí que me quedó el sinsabor de que, siendo el único colombiano, fui el único que fue recibido en Londres de esa manera.

Eso sí, fue lo único malo, porque Londres es lo máximo!!! Es más, voy a justificar la situación en mi mala cara producto del cansancio de una noche de juerga... No quiero ser otro colombiano acomplejado con la nacionalidad...

miércoles, 9 de enero de 2008

(Hist.1) Más que un complejo... (Parte 1)

Para julio de 2004, abordo de un avión de Aerolíneas Argentinas, y procedente de Madrid, viajo hacia Londres, la más exclusiva de las capitales europeas. La misión, cumplir el sueño primario que tenía al iniciar mi primera -y hasta ahora única- travesía europea: conocer el Big Ben, Tower of London, London Eye, London Bridge, Covent Garden, el río Támesis...

Tras bajar del avión a las 17:00, hora local, camino hacia la sala de inmigración de Gatwick. Al llegar, una larga fila con viajeros de diversos países que arrivaban a través de diferentes aerolíneas. En el primer filtro, un oficial de migración inglés hace la primera revisión de documentos. Quien presenta tarjeta de identificación inglesa pasa a ocupar la primera fila de la derecha: lógico. Los residentes de países de la Unión Europea son enviados a ocupar la segunda fila, un poco a la izquiera de la primera. Visitantes de países del resto del mundo continúan de frente para ocupar la tercera línea. Pero cuando llegan a mí, soy enviado a ocupar una desierta cuarta fila, a la izquierda de todas las anteriores.


Tres o cuatro minutos después, cuando todos hemos pasado por ese primer filtro, la fila de ingleses se evacua rápidamente; la línea de europeos comunitarios avanza sin problema; los turistas del resto del mundo aguardan, y se mueven con paso lento, pero seguro. Mientras tanto, yo, en solitario, en aquella cuarta fila, sigo esperando que alguien quiera saber de mí...



((Espere "(Hist.1) Más que un complejo... (Parte 2)"))



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martes, 8 de enero de 2008

Necesito escribir... Ojalá sea leído...


Todo el mundo escribe... para desahogarse... para expresar una idea, una opinión... para relatar algún evento... para informar... para manifestar sentimientos... para tocar temas que a alguien le pueden interesar... en fin.

Yo escribo para cumplir el sueño de ser, efectivamente, leído. "Efectivamente" porque espero contar con su atención y su interés; "efectivamente" porque mi idea es generar algo en quien lee lo que escribo.

Hace pocos minutos creé este blog, y todavía no tengo claro si el tema central serán historias de viajes (afortunadamente he hecho muchos), pensamientos personales, otro espacio más (de los muchos!!!) para opinar sobre la situación de mi maltratada y triste Colombia, o quién sabe para qué otra barbaridad.

Lo que sí puedo garantizar es que serán textos cortos que, dependiendo de su interés, podrán tener una segunda y hasta tercera parte o, por el contrario, que le permitirán un escape rápido y poco doloroso a estas letras, en caso de ser aburridas o repetidas.

Ojalá les guste.

Para mí, suerte... Para usted, paciencia, por favor!!!
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